Capítulo 21 – Hamburgo – Gravendeel

El objetivo de hoy era ir a ver los famosos Molinos de Viento de Kinderdijk, en los Países Bajos, para lo que tendríamos que recorrer poco más de 500 kilómetros hoy, una 6 horas según Google Maps.

Comenzó el día con fuerte lluvia, algo con lo que ya contábamos desde el día anterior. Con lo que no contábamos, era con lo que venía después… Al salir, mi GPS (Sygic, desconectado de internet), me indicaba que saliera por la derecha. A Abraham, su Google Maps, que tiene información del tráfico real, a la izquierda. Como ya nos habíamos visto en esas otras veces durante el viaje y al final llegábamos bien al lugar con cualquier de los dos, no le dimos importancia, y salimos hacia la autopista. A los pocos metros, nos metimos en un gran atasco, pero las leyes de Alemania (y de Francia) te permiten circular por el medio de los vehículos mientras vayan a menos de 50 km/h. De hecho, tienen obligación de echarse a un lado y dejarte pasar. Logramos avanzar hasta cierto punto, cuando ya la carretera estaba totalmente cortada. Había volcado un camión en un túnel y estaba totalmente bloqueado el paso en ambos sentidos, y ni siquiera había opción de dar la vuelta. Por lo menos, había dejado de llover.

Tras más de una hora allí parados, abrieron la autopista… para volver a Hamburgo. Afortunadamente, en el atasco, una persona de Barcelona se acercó (Saludos a @bestworldpadel) y nos dio algunas indicaciones para salir. Aún así, nos tocó volver a la ciudad y salir por vías alternativas. Tras casi cuatro horas desde que salimos, logramos salir de la ciudad, pero ya con el tiempo justo para el resto de día.

Todo listo para salir… Pero hoy no va a sobrar el tiempo

Ya echábamos de menos las hamburguesas

Señales de que entras en los Países Bajos

Aún así, llegamos a Holanda sobre las ocho de la tarde y a Kinderdijk media hora después. ¡Qué ver esos molinos centenarios en movimiento! Además, la luz del atardecer le daba un toque aún más mágico.

Entrando a un nuevo país

Postales de Holanda

Kinderdijk

Con la fauna local

Allí mismo buscamos un camping donde pasar la noche,… y menudo camping. Lo mejor fue que nos dejó entrar y ya era muy tarde. Abraham y Sonia se quedaron en una caravana y yo, en una especie de caseta experimental de forma semiesférica y cubierta de cristal por fuera y en el interior revestida con corcho en algunas secciones. Como estaba llena de bichos, se me ocurrió encender unas espirales antimosquitos que llevaba, pero al rato, aquello parecía un zoológico de palomillas, arañas, babosas, ciempiés,… caminando y revoloteando por toda la estancia. Pensé en armar la caseta de campaña y quedarme fuera, pero ya estaba muy cansado. Con la esperanza de que no me picara nada, intenté coger el sueño y descansar un poco… ¡Menuda noche!

La caravana de Abraham y Sonia en el Camping Polderland (A evitar)

Capítulo 20 – Kristiansand – Hamburgo
Capítulo 22 – Gravendeel – Condette

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