Capítulo 11– Villagi – Niza

El día 17, aún embragados del intenso día anterior, nos despertamos con un día estupendo para rodar en moto. En la ruta se encontraba Turín, pero con las malas experiencias con el tráfico, y con Maps mostrándonos varias zonas “rojas” antes de entrar, decidimos rodearla para poner rumbo a Tende.

Al poco de salir, Google, muy simpático él, decidió meternos por una pista de gravilla de varios kilómetros, y como puedes ver en las fotos, solo uno de nosotros iba con moto trail… Afortunadamente, estaba bastante compacta y la pudimos pasar sin mucho problemas.

Por pistas sin asfaltar. Al fondo, Turín.

Antes de comenzar el último ascenso a Los Alpes, hicimos una parada en Cuneo. Una localidad que nos sorprendió positivamente. Se respiraba historia en sus adoquinadas y largas calles. Tras visitar su catedral, comer unos paninis y resfrescarnos con cerveza (SIN), volvimos a nuestras monturas que habían descansado al Sol y con más 30 grados. Te puedes imaginar cómo estaban los asientos…

Las largas calles de Cuneo

Un pasadizo. ¿Quién se resiste a entrar?

Catedral de Santa María del Bosco.

Paninis y cerveza. No estaban muy buenos, pero nos dieron energía para seguir.

El ascenso hacia Los Alpes fue espectacular, cruzando algunos puentes altísimos y modernos… hasta que llegamos al túnel de Tende. Se trata de un paso de montaña inaugurado en 1882, y aunque a la vista parece que tiene un carril para cada sentido, lo cortan para que pasen primero desde el lado francés, y luego, los del lado italiano. Cada parada dura 20 minutos, o al menos eso llegamos a ver en el reloj.

Esperando en el Túnel de Tende.

Tras la larga espera, tocaba pasar. Al menos las motos salimos delante. Tras bajar bastantes curvas, llegamos a Tende. Un precioso lugar para patear con una iglesia digna de ser visitada. Nunca habíamos visto un altar cuyo fondo es la naturaleza.

Iglesia de Saint Michel.

Estación de tren.

Al salir de Tende pusimos rumbo a Mónaco, y una vez más Google nos envió por el camino más lento, ¡pero mucho más divertido! ¡Menuda carretera! Curvas de todo tipo, perfectamente asfaltadas, primero en ascenso, y luego en descenso, hasta llegar cerca de Mónaco, cuando el tráfico ya no permitía ir nada alegre. Pero nada nada…

Tras una curva, de repente, ahí estaba Mónaco, imponente. Una imagen que habíamos visto muchísimas veces en fotos y vídeos, ahora era nuestra. Frenada en seco y a tomar fotos de las vistas.

Todo lo que se cuenta de este pequeño país es cierto. Hay lujo en cada esquina, en las tiendas, en el mar, en los concesionarios de coches,… Tras pasear por sus calles y el puerto deportivo, ¿qué quedaba? ¡Trazar el circuito de F1, por supuesto! Aunque no se puede hacer todo el trazado, no podían faltar la curva Loews y el túnel. ¡Qué guapada!

¡Llegamos a Mónaco!

Hotel de Paris

Casino de Monte Carlo

Más de un Ferrari vimos por allí

En el Puerto de Mónaco

En el Puerto de Mónaco

Tras salir de Mónaco, nos dirigimos a Éze, un precioso pueblo encaramado en una colina junto a la costa. Era bonito verlo desde afuera y disfrutar las vistas desde dentro. Lamentablemente nos volvió a coger la noche y llegamos ya, sin luz, a Niza, donde haríamos noche. Después de una cena en el lugar más cercano al hotel que encontramos abierto, tocaba descansar.

La preciosa localidad de Éze

Comida típica… de Estados Unidos

Capítulo 10 – Nauders – Villagi

Capítulo 12 – Niza – Béziers

 

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